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jueves, 12 de agosto de 2010

EL SILENCIO DE LORNA

1.- HERMANOS DARDENNE

En 1975, Luc y Jean-Pierre Dardenne fundaron la compañía "DERIVES", que ha producido 60 documentales, incluyendo los realizados por ellos. En 1994, fundaron la productora Les Films du Fleuve.
Ética y estética. Un plano filmado por los hermanos Jean-Pierre y Luc Dardenne se reconoce en menos de tres segundos por su intensidad y su dinámica. La cámara tiene un lugar esencial como creadora de tensión y lazo caótico entre la interioridad de los personajes y el espectador. La puesta en escena reposa en una estética despojada, la ausencia de música y un dispositivo técnico sofisticado que coloca la cámara tan cerca del protagonista que por momentos parece perseguirlo. Sus películas tienen como escenario recurrente la región belga de Seraing cerca de la frontera alemana, una zona ligada históricamente a las industrias minera y siderúrgica en donde los directores pasaron su infancia. Los Dardenne filman en el margen de esta sociedad y muestran lo que no se suele (o no se quiere) ver: el trabajo de los jóvenes, la desocupación o los problemas de la inmigración clandestina. Es un cine de hondo contenido humanista que sin embargo está lejos ser didáctico o “comprometido” a lo Ken Loach, porque los directores tienen el coraje de no mezclar nunca la representación social con los buenos sentimientos. La marginalidad económica de los personajes no explica su comportamiento, no son víctimas que tienen legitimidad y derecho a hacer cualquier cosa por su condición. El reflejo de las múltiples adversidades o el combate diario por la supervivencia no engendran un cine simplista ni estereotipado. La ética del cine de los Dardenne no admite que se condene a sus personajes a una dimensión unívoca. En cada una de sus películas construyen una moral del relato que se apoya precisamente en la inmoralidad de los comportamientos representados.
Películas. Presentada en el Festival de Cannes en 1996, La promesa marca el principio del reconocimiento internacional para los directores belgas y es la primera manifestación brillante de un estilo realista alimentado por veinte años de práctica militante en el documental. Con Rosetta, película que obtiene la Palma de Oro en 1999, profundizan estos rasgos y construyen una ficción social como si fuera una película de guerra, donde la heroína es filmada como un pequeño soldado resistiendo al enemigo. Aparece por primera vez en su filmografía un procedimiento que será en lo sucesivo su marca de fábrica: el uso de la cámara pegada al cuerpo del protagonista y sus conmociones, un enfoque cerrado que genera la impresión de descubrir con sorpresa cada uno de sus movimientos. Se destaca asimismo el realismo nervioso de la puesta en escena y el uso genial del sonido fuera de campo, recurso que los Dardenne volverán a utilizar seis años más tarde en la secuencia terrorífica de la venta del bebé en El niño (segunda palma de Oro en 2005). Entre las muchas constantes que podemos encontrar en sus películas está el tema de la mirada. Rosetta avanza sin mirar a nadie hasta el inquietante desenlace donde por fin levanta la vista. En El hijo, Olivier (cuyo rostro permanece semioculto porque la cámara se mantiene a su espalda) observa sin cesar al otro protagonista hasta que, sobre el final, los dos miran juntos. El hijo es la obra cumbre de los Dardenne, una película austera y sugerente con un guión férreo y minimalista que lleva al extremo otro de los temas centrales en su cine, las relaciones paterno-filiales.
Política. En la familia de actores emblema de los Dardenne se destaca Olivier Gourmet, que trabajó en todas sus películas y recibió el premio al mejor actor en Cannes por la sutil composición del personaje del carpintero en El hijo. El primer suceso en la carrera de Gourmet fue el padre seco y odioso que interpretó en La promesa, película que marca el debut de otro de los actores de la casa, el notable Jérémie Rénier que encarna al pequeño Igor. Rénier es además el protagonista de El niño y demuestra toda su versatilidad en la soberbia construcción del frágil drogadicto en El silencio de Lorna, la última película de los Dardenne de reciente estreno comercial en Argentina que sirve de excusa para estas líneas. Lorna es una sobreviviente con su propia ley y su propio cosmos, que resiste en una zona donde (como ocurría en El niño) el cuerpo es a la vez la mercancía y lugar de la transacción. Es la película con más planos, elipsis y personajes en la filmografía de los directores, una complejidad que por momentos le resta contundencia. La impronta de Robert Bresson se siente (al igual que con Rosetta, que podría ser la hermana menor de Lorna) en la sacralidad de ciertos momentos y en la redención final (como en un cuento de hadas, Lorna atraviesa un bosque sombrío y encuentra refugio en una cabaña). Se trata de un cierre provisional, porque todas las películas de los Dardenne se detienen en el momento en el que algo se acaba, pero también sobre el principio de otro movimiento. Son documentos que muestran una realidad que preexiste y los sobrevivirá. Finalmente, esta manera de concluir sus películas es también una elección política porque sin redención estaríamos ante una suerte de determinismo social, y en el universo de los Dardenne siempre hay una grieta por donde se puede filtrar la libertad.(1)
Habituales del Festival de Cannes, los hermanos belgas Jean Pierre y Luc Dardenne han ganado ya dos Palmas de Oro (Rosetta, 1999, también premio de interpretación femenina; El Niño, 2005), un premio de Interpretación masculina (El Hijo, 2002) y recientemente el premio al mejor guión con, El Silencio de Lorna (2008). Apenas lógico es preguntarse cuáles son las características de su cine, cuáles las cualidades que en los últimos cuatro de sus siete largometrajes les han valido tanto reconocimiento.
Lo primero que salta a la vista es que estamos ante una esencia doble. En treinta y cinco años trabajando juntos y al unísono, los Dardenne han logrado retratar de forma fidedigna las relaciones familiares. El tema de la paternidad, por ejemplo, lo abordan con excelentes resultados tanto en El Hijo -un maestro carpintero trabaja en la reintegración de jóvenes ex delincuentes y de pronto debe recibir al asesino de su hijo-, como en El Niño -sórdido cuento urbano en el que un joven vende a su hijo y luego se arrepiente-, desde la original perspectiva de un director de dos cabezas que si bien es poco común, tampoco es la excepción, pues existen los Wachowski, los Kaurismaki, los Coen… y los Lumière, nada menos.
Por otro lado, no es evidente que la inquietud de los Dardenne gire en torno a la paternidad; ni siquiera diría que su temática se circunscribe a cuestiones sociales, aunque a menudo recreen ambientes difíciles donde se generan injusticias, pues, como ellos mismos lo han comentado, el hecho de clasificar una cinta como visión social debido a la presencia de seres marginados sería tan restringido como decir que los dramas sicológicos se generan sólo en la clase media. Es verdad que la elección de dichos personajes representa en sí misma un punto de partida desde el cual intentan abarcar el mundo, y ello sí constituye una constante en sus películas, pero las tramas son en cada caso muy diferentes; por eso, más que hablar de un tema yo diría que existe un propósito que unifica su filmografía.
El objetivo de estos cineastas parece ser el ser humano actuando en la inmediatez, es decir, sólo para sobrevivir en ciertas circunstancias que no le permiten sino reaccionar ante la hostilidad del medio ambiente. Así, la vida de Rosetta transcurre entre la caravana donde cada tarde encuentra casi inconsciente a su madre alcohólica y el empleo insignificante que defiende encima de todo, incluso contra un posible cariño, creyendo que va a integrarla a la sociedad de las personas normales a quienes ya ni siquiera sabe reconocer. Es una situación tan extrema como las de las dos películas antes mencionadas; el público difícilmente podría identificarse con ellas y, sin embargo, por alguna razón los personajes nos inspiran empatía. Esto es algo que los propios directores han explicado: quieren que el espectador comparta la experiencia del protagonista aunque al mismo tiempo no pueda identificarse con él… Los Dardenne tienen la capacidad de ponerse bajo la piel del personaje que encarna un titular de periódico, el informe de un juzgado, una novela o un reportaje de tele; saben recrear las vivencias de tales seres aunque les sean totalmente ajenas, y con base en ellas construyen a la persona anónima que ha sido mirada con distancia, con indiferencia inclusive, pero lo mejor es que nos la presentan de la misma forma. Es quizá donde reside su verdadero propósito: fomentar en el espectador una comprensión, una tolerancia ante la diferencia, por eso procuran que éste no se identifique de forma directa con el protagonista sino que reflexione al interior de sí mismo y en verdad se cuestione.
Por contradictorio que parezca, esta misma distancia es también la causa del mayor distintivo de la obra Dardenne. Es tal vez por un deseo de salvarla físicamente que la lente de su cámara se pega tanto al personaje; penetra en su interior más recóndito y ahí permanece, contenida, apenas abriéndose para irnos dando, no sin mucha dificultad, sus sentimientos y el argumento del relato. Efectivamente, de larga tradición en ellos, el trabajo previo que los belgas realizaron en el género documental es evidente en sus posteriores largometrajes; sobre todo en cuanto al movimiento de la cámara. En su filmografía en general dicha cámara se utiliza muchas veces en mano y se mueve junto con el actor para expresar su inestabilidad, parece un poco la energía que lo va escribiendo a medida que él reacciona, y constituye un puente, aunque escabroso, en el vació que lo aísla del prójimo.(2)
FILMOGRAFIA
• El niño (2005) Director, Guionista, Producción
• El hijo (2002) Director, Guionista, Producción
• Les siestes grenadine (1999) Producción
• Rosetta (1999) Director, Guionista
• La promesa (1996) Director, Guionista
• Le silence de Lorna Director, Guionista, Producción

2.- EL SILENCIO DE LORNA

2.1.- SINOPSIS
Lorna, una joven albanesa residente en Bélgica aspira a comprar un bar con su novio Sokol, para ello se asocia con Fabio, un mafioso de poca monta. Fabio ha organizado un matrimonio de conveniencia entre Claudy y ella para que así pueda obtener la nacionalidad. Según el plan de éste, Lorna debería casarse más tarde con un delincuente ruso que también pretende adquirir la nacionalidad belga, pero para que este segundo matrimonio sea posible, Fabio planea asesinar a Claudy. ¿Permanecerá Lorna en silencio? (3)
2.2.- FICHA TÉCNICA
Título original: Le Silence de Lorna
Dirección:  Jean-Pierre Dardenne - Luc Dardenne
Guión: Jean-Pierre Dardenne - Luc Dardenne
Elenco:

  • Arta Dobroshi (Lorna)

  • Jérémie Renier (Claudy)

  • Fabrizio Rongione (Fabio)

  • Alban Ukaj (Sokol)

  • Morgan Marinne (Spirou)

  • Olivier Gourmet
Origen: Bélgica/Francia/Italia/Alemania
Año: 2008
Duración: 105 min.
2.3.- COMENTARIOS
Lorna (Arta Dobroshi) está metida en un pequeño infierno. Casi es posible notarlo con sólo mirarla, la manera ansiosa con que cambia dinero en un banco, la mirada esquiva con que regresa al departamento que comparte con Claudy (Jérémie Renier), el hastío con que se mete a la cama. Lorna, inmigrante albanesa, se ha casado con el ladronzuelo y drogadicto Claudy sólo para obtener la nacionalidad belga.
Sus movimientos los administra un mafioso, Fabio (Fabrizio Rongione), que ya ha previsto que una vez que logre el divorcio de Claudy, Lorna se case por dinero con un oscuro ciudadano ruso, al que ayudará ahora a que él obtenga la nacionalidad.

Toda esta trama se ejecuta con el asentimiento de su novio, Sokol (Alban Ukaj), con quien quiere instalar un bar para, quizás, algún día, llevar una vida normal.

Sin ese propósito cristalino, sin esa decencia hundida y, sobre todo, sin la indeseada compasión, mezclada con repulsa, que le suscita el yonkie Claudy con sus desesperadas peticiones de ayuda para dejar la droga, no se entiende la magnitud del infierno de Lorna. Es una inmigrante tratando de sobrevivir y de ganar legitimidad en un país ajeno, y se esfuerza por ser fiel a esa condición precaria y contracultural; pero es también una mujer joven que no puede rechazar sus sentimientos esenciales, que no puede actuar de una manera contranatural.

Los hermanos Dardenne filman esta historia con la densidad que les es usual. Su cámara está siempre lista para detenerse en los momentos de mayor movimiento emocional (Lorna contemplando a Claudy desmayado en el hospital) y su edición puede prescindir de grandes pasajes dramáticos (el destino de Claudy), pero jamás cortan un instante en el que se estén desplegando las fuerzas que quieren comunicar.

En El silencio de Lorna hay mucho intercambio de dineros, unos trajines que sugieren que las vidas de estos personajes están enredadas en una maraña envilecida de transacciones.

Lorna rompe este tejido en el momento en que toma una decisión (hay que ver la película para entender esto) que materializa su voluntad de redención, punto en el cual comienza el pasaje más inspirado de esta película. No importa si tiene razón o si sólo vive una ilusión o una obsesión: lo que importa es que decide rebelarse contra esa vida negra y hacer caso a su instinto más profundo, y acaso también más desquiciado. Pocas veces se ha escenificado tan bien, en personajes tan pequeños, la idea de la redención como locura.

Ignoro si los Dardenne son cristianos o no. Me parece que su cine lo es. De cualquier modo, pertenecen a esa categoría de cineastas que encuentra una ética de la humanidad en toda realidad, por limítrofe y marginal que ella sea. Quizás es eso lo que hace tan reconfortante a un cine que por otro lado es también áspero, feroz, implacable. (4)

Lorna, la protagonista de su última película, es otro de esos seres marginados cuyos sueños, en este caso, terminan destruidos por la culpa (buscando una vida mejor en Bélgica, la joven albanesa paga por un matrimonio falso con un drogadicto y luego se convierte en cómplice de su muerte llevada a cabo por una red mafiosa que opera en torno a la inmigración) y, sin embargo, carece del o los elementos que a los demás personajes dardenianos los hacen entrañables. Esta vez los belgas filman con planos menos cerrados y un ritmo más lento al acostumbrado; dicen además haber optado por un ambiente urbano (Lieja en lugar de la aislada y desértica Seraing donde siempre han rodado) para resaltar la condición de soledad de esta joven que guarda un secreto; afirman que quisieron potenciar el sentimiento de extrañeza que ella pudiera causarnos. ¿Por qué, entonces, nos duele menos que Rosetta? Por otro lado, en Europa el tema de la migración de los países pobres al primer mundo, con la explotación que implica, tiene un gran alcance social, incluso político; es una situación que nos toca también en América y, no obstante, en este caso nos afecta menos que la desesperación de un padre reviviendo la vida y la muerte de su hijo. Desde mi punto de vista, la diferencia entre ésta y las otras películas es que, si con Lorna tampoco nos identificamos, se debe a la nueva perspectiva de la cámara que no sólo nos aleja de ella sino nos la presenta como falta de intimidad; es decir, abarcamos la totalidad de su superficie, pero no penetramos al interior de donde emanan las reacciones. Además, dicha perspectiva no se centra en su tragedia personal, sino se abre hacia un contexto más amplio, representativo de un serio problema que aqueja a varios grupos sociales y esto, paradójicamente, resulta menos sensible. Parece como si las otras historias más pequeñas, más individuales y únicas, de alguna manera devinieran más universales.

Admiradora de los Dardenne de siempre, no me atrevería a decir que su última película no es tan buena como las otras, aunque la comparación es inevitable. Me parece que al menos no tiene su sello y que para el Festival de Cannes los belgas se han convertido en una costumbre . (5)

Quién haya visto Rosetta o L´enfant puede hacerse una idea de lo que le deparará el visionado de El silencio de Lorna, de los directores Jean-Pierre Dardenne y Luc Dardenne, habituados a llevarse un buen número de premios con sus películas, las cuales por otra parte más allá de las objeciones que podamos presentar, entiendo como necesarias, pues muestran lo que el cine a menudo no muestra, dado que el espectador quiere algo espectacular cuando se gasta 6 euros para ver una película y no está por la labor de seguir las andanzas de perdedores, cuyas vidas deprimen al más optimista.

El estilo es similar a sus anteriores trabajos, prima la imagen limpia, sin aderezos, personajes que viven al límite, barrios de ciudades inmoninadas, pero en esta ocasión al contrario que en Rosetta la cámara no es puro nervio (lo cual es de agradecer, porque entre la cámara y la sordidez de la historia acabé con el estómago revuelto). La historia va de Lorna, una chica albanesa que vive en Lieja, la cual se casa con Claudy un heroinómano al cual da una cantidad de dinero para a cambio del enlace conyugal obtener la nacionalidad belga. La idea es casarse con él y luego que este muera de sobredosis, para poder entonces casarse con un ruso, que obtendría la nacionalidad belga, al ser ella ya belga. La premisa nos recuerda a Rosetta, esa joven que era capaz de matar por obtener un puesto de trabajo.

Sí, es el siglo XXI, la era del hiperconsumo, pero los personajes que vemos en pantalla están pegados a la realidad y sus problemas no son las típicas ñoñerías que vemos en pantalla con frecuencia. A estas personas no les sobra el dinero, saben que una nacionalidad puede ser la puerta hacia la presunta Europa rica que puede darles lo que buscan: el dinero necesario para abrir un negocio, porque Lorna sale con Sokol, un tipo que sin ser su chulo actúa como tal.

Lorna está en las manos de Fabio un taxista que es el que se encarga de la “ingeniería sentimental”, quien busca los pretendientes a Lorna, encauzando sus devaneos sexuales.

El silencio de Lorna no me ha producido el efecto que me supuso las otras dos películas de los hermanos Dardenne. La notable interpretación de Arta Dobroshi hace creíble y entrañable su aciaga historia personal, porque a pesar de su situación, de su coraza ante el medio, hay debajo de todo ello un corazón que late, unos sentimientos que la avalan, aunque las circunstancias la hagan perder la cabeza. (6)

El silencio de Lorna (Le silence de Lorna), el nuevo filme de los hermanos predilectos de este festival, los belgas Jean-Pierre y Luc Dardenne. La crítica la ha recibido con entusiasmo y decepción en partes iguales. En Cinematical subrayan este recibimiento luego de la proyección, y no la consideran en la carrera para la Palma de Oro. En El País, por el contrario, se resignan a que los Dardenne se lleven otra vez “algún premio de los gordos” (Sordidez y aburrimiento: más de lo mismo en el cine de los Dardenne).
La bella actriz kosovar Arta Dobroshi interpreta a una inmigrante albanesa en la ciudad belga de Liège (un nuevo escenario para los filmes de los Dardenne, que siempre han ubicado sus historias en su ciudad natal, Seraing), cuyo matrimonio por conveniencia -para obtener la ciudadanía belga- con Claudy, un patético drogadicto (interpretado por Jérémie Renier, el actor fetiche de Jean-Pierre y Luc), se complica al verse envuelta en un negociado criminal para traficar con su recién obtenida ciudadanía europea.

La performance de la protagonista (en la foto, recibiendo el saludo de los brothers) sí ha obtenido prácticamente puros aplausos, pueden ver algo de eso en la crítica de Variety. En Screen Daily también destacan su actuación, pero sentencian “la película decepcionará a los fans de sus últimos filmes, sobre todo L’enfant”. Ver para creer. (6)

Lorna, una joven albanesa residente en Bélgica aspira a comprar un bar con su novio Sokol, para ello se asocia con Fabio, un mafioso de poca monta, que le ha organizado un matrimonio de conveniencia con Claudy –un adicto a las drogas- para que así ella pueda obtener la nacionalidad. Según el plan de éste, Lorna debería casarse más tarde con un delincuente ruso que también pretende adquirir la nacionalidad belga, pero para que este segundo matrimonio sea posible, Fabio planea asesinar a Claudy.

Esta es la trama de El silencio de Lorna (2008), la nueva obra de Jean-Pierre y Luc Dardenne, creadores entre otras de El hijo (2002) y El niño (2005). Como en estos films, también los personajes se mantienen en niveles oscuros, por lo que nunca llegamos a conocerlos del todo, produciendo que el espectador se mantenga atento a cada detalle pensando que puede llegar a ser revelador.

El silencio de Lorna es una película de personajes, interpretados firmemente por Arta Dobroshi (Lorna), Jérémie Renier (Claudy), Fabrizio Rongione (Fabio) y Alban Ukaj (Sokol). Es en este punto –además del guión que también lo escribieron juntos- donde se nota la jerarquía de la dupla de directores. En ningún momento flaquean las actuaciones, siempre mantienen la dosis justa de dramatismo y austeridad, y no solo debido a sus cualidades individuales como intérpretes, sino a los grande marionetistas que llevaron este proyecto a la pantalla grande.

En un final sorprendente e inesperado los hermanos Dardenne llevan a Lorna hasta sus últimas consecuencias. Logrando así llevarse el Premio al Mejor Guión en Cannes 2008 y a Mejor Film en los Lumiere Awards, además de varias nominaciones, entre ellas las de Arta Dobroshi como mejor actríz en los European Film Award.(8)

El cine de de hoy no tendría gracia sin las películas devastadoras de los hermanos Jean-Pierre y Luc Dardenne. Es verdad que no siempre dan en el blanco. Es cierto que a veces se hunden en su propia desesperanza. Pero los dos documentalistas belgas, que hasta el momento han escrito, producido y dirigido siete ficciones de un realismo aterrador (pensemos en las rutinas dolorosas que captan en relatos como Rosetta, El hijo y El niño), le han dejado al cine de estos últimos años una manera frenética de mover la cámara; una mirada desencantada de cierto lugar del planeta, esa parte de Europa que nada tiene de primer mundo, que nos recuerda que siempre puede caerse más bajo; y una energía, no vista desde los días del neorrealismo italiano, para acercarse a los personajes de todos los días.

Tal vez esto último sea lo más importante de la obra de los Dardenne: nos ha probado lo lejos que estamos de sentir lo que sienten los otros, nos ha presentado a una serie de personas maltrechas que entienden demasiado tarde el significado de la palabra “prójimo”.

Es eso lo que le sucede a la protagonista de El silencio de Lorna: una tarde descubre, como el recién operado al que acaban de pasársele los efectos de la anestesia, que carga un dolor terrible en el centro del cuerpo en nombre de todas las personas que ha pisoteado para llegar a donde está. Lorna es una heroína albanesa golpeada por la vida que no puede darse el lujo de pensar qué está bien y qué está mal y que dedica sus pocos minutos libres a imaginar el bar que abrirá con su novio Sokol. Se ha casado con un heroinómano llamado Claudy para obtener la nacionalidad belga. Pero desde que le ofrecen una buena suma de dinero por deshacerse de él, desde que le piden que lo conduzca a una sobredosis, comienza a sentir el impulso de no hacerle daño: es como si el silencio del título se le convirtiera, gradualmente, en un grito de auxilio.

Se ha dicho que el acto final de El silencio de Lorna no tiene pies ni cabeza, que el drama se resuelve “porque sí”, que se nota, en esos 30 minutos finales, que los Dardenne esta vez no sabían qué hacer con su protagonista. No hagan caso. No es verdad. Es cierto que la Lorna del principio no es la Lorna de la última escena. Que va de una orilla a la otra, de la A a la Z, como una oruga que se convierte en una mariposa negra. Y sin embargo no me cabe duda de que esa era la idea. No estamos ante una resolución sacada de la manga, no, no estamos ante un giro que viene de la nada. La esencia de la historia, la razón por la que valía la pena contarla, está contenida en esa extraña escena en la que el personaje principal se da cuenta de que la compasión se ha tomado su cuerpo.

No digo nada más. Creo que cada quién debe enfrentarse solo a esa secuencia. Y que la compasión también es la clave en ese caso. (9)

Pasaron tres años desde la última vez que los porteños tuvimos la suerte de ver una película de Luc y Jean-Pierre Dardenne. Después de El niño, El silencio de Lorna vuelve a convencernos no sólo del talento de los hermanos belgas sino de su sensibilidad social y de su coherencia personal y profesional. Sin dudas, ésta es una buena oportunidad para reencontrarnos con un cine que cuenta algo, dice mucho… y explica poco.

Como sus antecesoras, El silencio… se distingue por su economía de palabras y de escenas pre-digeridas. Como su protagonista, este film nos invita a abrir y cerrar candados/cerraduras cuyos espacios albergan realidades crueles: no sólo la de Lorna, sino la de Claudy, Fabio y Sokol.
Lejos de recrear el formato coral, los personajes imaginados por los Dardenne aparecen en tanto engranajes de un submundo que yace debajo del Primero, y que se inserta en el escenario de una globalización despiadada y perversa. La presencia de lo marginal es tal que el silencio no es exclusivo de Lorna; de hecho quienes rodean a esta mujer albanesa hablan apenas lo necesario.
Sin verborragia, sensacionalismo ni golpes bajos, los hermanos cineastas muestran los entretelones de una mafia ¿europea?, ¿internacional?, especializada en el negocio de la inmigración, en los nuevos espejitos de colores que prometen el acceso a una ciudadanía (y a un poder adquisitivo) de primer nivel. También denuncian otro tipo de prostitución que -vaya paradoja- no gira alrededor del sexo sino del sacrosanto matrimonio.
Sin dudas, Luc y Jean-Pierre saben contar historias, pintar frescos y convocar a un elenco a la altura de sus exigencias. Así lo prueba la elección del actor fetiche Jérémie Renier, de Fabrizio Rongione y de los desconocidos (al menos por estas latitudes) Arta Dobroshi y Alban Ukaj entre otros.
Por todo esto, El silencio de Lorna es una película sumamente recomendable. Permite que los seguidores de los Dardenne renovemos nuestra admiración, y que quienes aún no los conocen puedan darse el gusto de descubrirlos, valorarlos e incorporarlos como referentes de un cine que cuenta algo, dice mucho… y -gracias a Dios- confía en los beneficios de explicar poco.
   
Dentro del panorama del cine europeo actual, son muchos más los directores que se esmeran por filmar películas fáciles de distribuir a nivel mundial, que los que se arriesgan a mostrar el lado oscuro de la realidad que vive el viejo continente. Mientras el cine industrial alemán, italiano, español, inglés o francés con aspiraciones estéticas (cine qualité) busca plasmar historias burguesas y conformistas para consumo de la burguesía conformista, algunos pocos realizadores se meten con problemas tan urgentes y reales como la desocupación, la falta de oportunidades para los jóvenes, la inmigración de los países pobres, la discriminación y la miseria en las grandes ciudades. Dentro de este último grupo podemos ubicar a los veteranos realizadores belgas Jean-Pierre y Luc Dardenne, más conocidos como “los hermanos Dardenne”, que ostentan el record de haber ganado dos veces la Palma de Oro del Festival de Cannes (máximo galardón del cine mundial), con sus películas Rosetta (1999) y El niño (2005). En 2008 volvieron a ganar, esta vez el premio al Mejor Guión por su película El silencio de Lorna. En ella, una joven albanesa que vive en Bélgica sueña con abrir un bar junto a su novio. Pero para alcanzar su sueño tiene que pactar con la mafia, que le arregla el casamiento por conveniencia con un drogadicto, para así tener la ciudadanía belga y casarse después -divorcio mediante- con un ruso.
 Los hermanos Dardenne vuelven a plantear aquí su preocupación por la inmigración y la marginalidad, de forma tan cruda y contundente como lo hicieron en La promesa (1996). El viaje interior de Lorna y su transformación es el hilo conductor emocional de esta historia de supervivencia. La relación de Lorna con Claudy (Jeremie Renier), el drogradicto perdido con quien se casa, va mutando hasta que ella se involucra con su drama y cae la coraza con la que suele realizar los trámites tendientes a alcanzar su sueño. Esa lucha interior, que la sitúa en una batalla constante de ella sola contra el mundo, la enfrenta a un dilema cuando descubre que está embarazada, y que conservar al bebé sería desafiar a la mafia: Lorna encuentra en ese hijo una razón para vivir que la conmueve y le devuelve su humanidad perdida. (10)

 El cine de los hermanos Jean Pierre y Luc Dardenne, seco y vigoroso, ríspido y fluido, con el intercambio monetario reemplazando al intercambio sentimental, sigue centrándose en personajes que se mueven -cercados por la realidad y los dilemas morales- en las márgenes del opulento sueño europeo de las últimas décadas. Por eso ahora, en tiempos en que no queda claro si el sueño terminó o si pasa por una fase de pesadilla, algunos le encuentran rasgos premonitorios. Pero la potencia del estilo Dardenne no radica en mostrar la magnitud de una enfermedad social, ni tampoco en anticiparla, sino en transmitir sus síntomas a través de la crisis de un individuo o de un grupo familiar.

En El silencio... vemos a una inmigrante albanesa (excelente actuación de Arta Dobroshi) que convive con un drogadicto belga, con el que se casó para conseguir la ciudadanía de la Unión Europea (gran papel de Jérémie Renier, que en El niño vendía a su hijo y acá se vende a él). Lorna, débil engranaje de un mecanismo mafioso, debió pagar por su matrimonio. Y debería pagar por el divorcio, para así poder casarse con un ruso, "darle" su nueva ciudadanía y ganar el dinero para cumplir un sueño: poner un bar en Bélgica con su novio. Pero el plan del entorno de Lorna, aceptado en principio por ella, era eliminar al adicto belga fingiendo una muerte por sobredosis. Nada raro: la opción más rentable, en la lógica de mercado.

Los Dardenne, por supuesto, jamás remarcan las connotaciones sociales ni utilizan elementos narrativos ampulosos para transmitir la gradual grieta moral de Lorna. Más bien apuestan a miradas, a gestos ínfimos. Pero no son minimalistas en un sentido dramático. A través de la elipsis y de la dosificación de información, manejan el suspenso y la intensidad de la trama. Esta vez, sin esa cámara nerviosa que desde el hombro o la nuca de un protagonista pone al espectador en su lugar. En El silencio... hay más distancia: la puesta de cámara es más reposada, externa, frontal. Podríamos decir que en este filme los Dardenne abandonan la primera persona de, por ejemplo, El hijo, para adoptar la tercera persona, aunque centrada en un solo personaje.

Con algunas secuencias de despojada sordidez, El silencio¿ atrapa al espectador a través de una trama bien contada y de algunos giros fuertes, imprevistos. La película puede ser vista, también, como un sutil thriller. La narración avanza sin retórica, sin flashbacks, sin sobreexplicaciones, a través de los actos de los personajes; los más dramáticos no son mostrados en el instante en que ocurren, sino en sus efectos. Hay elementos que se repiten: billetes que pasan de mano, llaves que se pierden, celulares que ¿comunican? También, destellos de darwinismo social: el desamparado personaje de Renier echa, sin abrir la puerta de la casa, a alguien que le pide ropa usada. Aun en la base de la pirámide, siempre existe un subsuelo habitado por seres que pueden ser menospreciados.

Ajenos al maniqueísmo y al sentimentalismo, los personajes se mueven con la ambigua potencia de lo real: no es casual que los Dardenne vengan del documental y usen historias verdaderas como disparadores de sus filmes ficcionales. Por último, el tema de la maternidad: Lorna comienza a quebrarse cuando el joven drogadicto le demanda un cuidado casi infantil. Más adelante, el tema se apropiará de ella y de parte de la trama. El reparo final de muchos dardennistas de la primera hora será que esta película es la menos personal de los realizadores belgas. Puede ser. También que tiene méritos y que no desentona en una carrera por ahora impecable.(11)

En gran medida, la importancia del cine de los hermanos Dardenne reside en su interés por mostrar el lado oscuro de esos países del Norte cohesionados y fortalecidos por el Euro (pocos directores actuales del continente se animan a lo mismo: Michael Haneke, Fatih Akin, Bruno Dumont...). Esa Europa centro-occidental que parece día a día extender y fortificar un poco más sus fronteras burocrático-aduaneras frente al resto del continente –y del mundo– que mira con recelo el estilo de vida primermundista que allí llevan. De ahí que la filmografía de estos belgas esté atravesada por personajes marginales, desesperados, en lucha constante por ser parte de un sistema que hace de la exclusión una de las bases de su status.

En esta nueva película conjunta, los Dardenne deciden seguir cámara al hombro a Lorna, una albanesa que se instala en Bélgica gracias al casamiento arreglado con un drogadicto a cambio de dinero. Pronto, Lorna (quién físicamente parece una Rosetta –protagonista del film homónimo de estos mismos hermanos– ya hecha mujer) es incitada por una mafia montada en torno de la inmigración clandestina para que deje morir a su esposo y así, una vez viuda, contraiga matrimonio nuevamente, ahora con un ruso, a cambio de más dinero. Claro que acá, como en todos los trabajos previos de los Dardenne, el verdadero conflicto que en el fondo moviliza a los personajes no es material ni mucho menos de género, sino moral. Una vez que Lorna deja morir a su marido, pasa de ser cómplice de una muerte a convertirse en otra pobre víctima de una sociedad perversa.

Movida principalmente por sentimientos de culpa y un fuerte deseo de redención, esta mujer comienza una carrera desesperada por mantener la memoria y el legado de su "esposo", drogadicto y por ende desechable para una sociedad en donde quién no produce no sirve. Por eso mismo, los primeros síntomas del embarazo psicológico que desencadena la crisis que sufre esta protagonista se dan en una escalera –símbolo de ascenso social– del local que alquila con la plata conseguida mediante su silencio y su no-accionar. Lo que permite atisbar la gran pregunta que proponen los hermanos esta vez: ¿hasta qué punto estamos dispuestos a llegar para ingresar a un mejor nivel de vida?

Las virtudes con las que encaran esta problemática son comunes a sus películas anteriores La promesa, Rosetta, El hijo y El niño (salvo Rosetta, todas cubiertas por CINEISMO; ver links al pie) . A destacar, la distancia siempre prudente con que se acercan a sus personajes (en está ocasión, tratándose de una inmigrante venida de la otra Europa, deciden colocar la cámara unos metros más lejos, comunicando la incomprensión que les produce una persona de estas características), nunca juzgándolos ni sometiéndolos a caprichos; y, por otro lado, la fe depositada en la humanidad de los mismos y su capacidad para convertirse en héroes mediante acciones pequeñas pero de gran valor.

Una nueva película de un autor, para conformar una gran obra, debería mantener las constantes que lo definen y a la vez introducir variantes que produzcan crecimiento y progresión en una filmografía, en un todo. Pues bien, en El silencio de Lorna, los Dardenne se mantienen fieles a su cosmovisión a la vez que apuestan a cambios temáticos: indagan sobre las cuestiones inmigratorias, trabajan con una mujer adulta, madura y consciente de sus decisiones como protagonista (encarnada por Arta Dobroshi, una actriz que contagia fortaleza a la vez que vulnerabilidad); y también formales: un trabajo de cámara más estable, reflexivo y a la vez menos nervioso y urgente, sexo carnal e intenso, algunas notitas de música incidental sobre los títulos. Recursos, todos, que se adaptan perfectamente a la historia que deciden narrar. Así, vuelven a demostrar una vez más que en el mundo liberal, cínico y cruel en el que vivimos, el corazón todavía puede pesar más que un puñado de euros. (12)

CITAS:

1.- http://cinemarama.wordpress.com/2009/05/18/el-cine-de-los-hermanos-dardenne/

2.- http://www.septimovicio.com/world_cinema/26092008_belgica_cinema_el_silencio_de_lorna/

3.- http://www.eneccine.com/elsilenciodelorna/elsilenciodelorna01.doc

4.- AscanioCavallo "El silencio de Lorna", Revista del Sabado , 26/09/2009

5.-http://www.septimovicio.com/world_cinema/26092008_belgica_cinema_el_silencio_de_lorna/

6.- http://www.cuak.com/critica/el-silencio-de-lorna/

7.- http://www.cinencuentro.com/2008/05/20/cannes-2008-los-dardenne-dividen-la-critica-con-el-silencio-de-lorna/

8.- http://www.cinevivo.org/home/index.php?tpl=home_nota&idcontenido=2482

9.- http://www.semana.com/noticias-cultura/silencio-lorna/124869.aspx

10.- http://habiaunavezunachica.blogspot.com/2009/05/critica-el-silencio-de-lorna.html

11.- http://www.clarin.com/diario/2009/05/14/espectaculos/c-01301.htm

12.- http://www.cineismo.com/criticas/silencio-de-lorna-el.htm

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